6 junio, 2017 Nour Al-Hussen 0Comment

Esta mañana las SDF (Syrian Democratic Forces) anunciaban el comienzo de la batalla de Raqqa, bautizada como “Ira del Éufrates”. Lo anecdótico del discurso de lanzamiento de la ofensiva, es que ante todo no solo han agradecido a la Coalición Internacional  y EEUU su principal patrocinador, sino que se ha nombrado especialmente al Trump. No cabe duda que el proceso ha sido lento, pues desde hace un año la liberación de Raqqa es el objetivo final de esta coalición señalada como “multicultural”. Lo que en mayo de 2016 se anunciaba como un hecho inminente, se ha ido dilatando en el tiempo, siendo liberadas zonas del rural antes que el deseado “bastión”. Las derrotas de Daesh en Kobane, Tal Abiyad, Hol, Shadadi, Menbej, rural de Deir Al Zor y aldeas cercanas a Raqqa como Deir Al-Hashem, Al-Sakkourah y Al-Adnaniyah han puesto en evidencia la decadencia del grupo yihadista a un nivel estratégico y  militar, por lo que nada parece evidenciar que posean los medios y los efectivos necesarios para oponer resistencia a la ofensiva final.

En las últimas semanas en Raqqa ya era un secreto a voces la entrada inminente de las SDF. Nadie habla de ello en alto pero la dinámica de la ciudad, entre escombros y hambruna ponía en relieve el nerviosismo de los  integrantes del Daesh que quedan en la ciudad. Es sabido también que muchos de estos integrantes abandonaron la ciudad, y que sin duda esto puede ser interpretado como un signo de debilidad. No obstante, aunque la presencia de funcionarios del Daesh haya disminuido, la ciudad sigue sufriendo el terror de la vigilancia y la violencia a manos de los funcionarios. Aún así, se habla de una posible negociación que ha sugerido Daesh, con el fin de que sus integrantes puedan salir a salvo vía un corredor. Esto alienta la esperanza de que no se lleve a cabo ninguna masacre contra los civiles, que temen ser utilizados como escudos humanos en el caso que Daesh decida luchar y morir matando.

Que en Raqqa saben que algo está a punto de pasar, es un hecho. Lo que no saben es lo que sucederá después. Quién gobernará la ciudad y sobre qué bases, por ejemplo es lo que preocupaba y con razón a la población local. La presión de Turquía ha ido relentizando el inicio de la ofensiva, dado el rechazo de Erdogan a que los Kurdos dominen en Norte de Siria. ¿Será incluida Raqqa, una ciudad tradicionalmente habitada por árabes en Rojava? ¿Qué consecuencias sociales y políticas plantearía este hecho? ¿Podrá volver la gente a sus casas que han sido arrebatadas por el Daesh? Lo que está claro es que  esta nueva situación no quedaría aislada, sino que continuaría conectada a una dinámica de guerra que asola al país y que no aparenta tener un final próximo.  Que Dios, Alá, o lo que sea proteja a los civiles inocentes en este “último asalto”.

 

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