27 marzo, 2017 Nour Al-Hussen 0Comment

*propósito del sexto aniversario de la revolución celebrado esta semana atrás, la siguiente entrada tiene como objetivo realizar una aproximación al comienzo del levantamiento popular en la ciudad siria de Al Raqqa, hoy en día tomada por Daesh y mal denominada por la prensa como “Capital del Estado Islámico”. Para la realización de este artículo, se ha contado con el testimonio de varios miembros partícipes en las manifestaciones pacíficas y movimientos civiles surgidos tras ellas entre 2012 y 2013.

Antes de ser “el bastión de Daesh” Raqqa fue hermana de Daraa, de Homs, de Aleppo… y “Hotel de la revolución”. Este nombre fue atribuido a la ciudad en el primer año de revolución, pues a pesar de que el las manifestaciones comenzaran poco después que en Daraa  (En concreto el 25 de marzo de 2011) no eran tan numerosas. Por ello, Raqqa fue el destino de muchos activistas y periodistas desplazados que huían de otras ciudades que  habían salido a la calle masivamente a reclamar sus derechos y que como respuesta por parte de las fuerzas gubernamentales solo habían recibido violencia y persecución. ” Nosotros decidimos hacer lo mismo [que lo que estaban haciendo en las otras ciudades] pedíamos reformas en el ámbito económico y político” Afirma un joven manifestante de Raqqa y que reside actualmente en Gaziantep y añade “Más tarde, pediríamos la caída del régimen”[1].

Curiosamente, el 6 de noviembre de 2011 Bashar Al Asad visitó la ciudad de Raqqa con motivo de asistir a salat Al Eid, la oración especial que se celebra en el Eid. En concreto, visitó en la zona del Dariya donde estuvo reunido con los sheijes y líderes de tribus leales a él. Estos mismos jugaron un importante papel al intentar frenar en un inicio las manifestaciones. La visita, sin duda tenía la intención de mostrar que “todo estaba bajo control”. No deja de ser curioso el hecho de que justo en estos momentos Bashar Al Asad visitara Raqqa, una localidad que se había mantenido marginada al completo y que no recibía la visita de ningún presidente sirio desde Adib Shishakli.

Todo cambió el 16 de marzo de 2012, cuando en medio de una manifestación nocturna, una patrulla de Seguridad Militar abrió fuego a los manifestantes y en consecuencia un joven de nombre  Ali Babensi fue asesinado. Como ya había acontecido en Daraa donde la detención y tortura de los niños que realizaran las pintadas en contra de Bashar Al Asad, causó el enfurecimiento e indignación de la población local, en Raqqa el asesinato de Ali Babensi provocó que esas manifestaciones que en su inicio eran tímidas y poco numerosas se convirtieran en auténticas procesiones multitudinarias, representando un estallido pacífico reclamando una mayor libertad y el cese de violencia. El funeral de Ali Babensi protagonizó el inicio de estas marchas, donde cientos de raqqawis caminaron tras el cuerpo del mártir alzando la bandera verde y utilizando únicamente sus pulmones para protestar.

Vídeo de la procesión por la muerte de Ali Babensi

En las siguientes manifestaciones la violencia ejercida contra de los manifestantes fue incrementándose. En una de ellas, hasta 55 personas resultaron asesinadas. “Esto todo llevó a que muchas personas que en un  principio se manifestaban en solidaridad con Daraa y pedían la libertad de las personas que injustamente fueron detenidas, ahora también querían la caída del régimen y la salida de Assad del poder por su abuso en la represión llevada a cabo en todo el país sirio” Añade el joven entrevistado.

Mientras las manifestaciones y por consiguiente sus represiones iban teniendo lugar en toda Siria, el resto del mundo desconocía por completo los acontecimientos que estaba viviendo el país, debido principalmente al silencio de los medios de comunicación nacionales al servicio del régimen que mediante esta invisibilización se sumaban a la negación de las protestas. Es por ello que en Raqqa y demás ciudades, las personas se vieron obligados a convertirse en periodistas con el fin de informar al exterior y documentar la violencia que se estaba llevando a cabo contra la población local. Es así como nacieron iniciativas como Raqqa is Being Slaugheterd Silently que ha alcanzado un alto reconocimiento internacional por su labor de documentar las violaciones de Derechos Humanas cometidas en la ciudad de Al Raqqa por parte de Daesh, Régimen y Rusia y la Coalición Internacional. El portavoz de la organización, AbdelAziz Al Hamza reconoce que

“Antes de empezar la revolución y antes de la guerra cada uno de nosotros se dedicaba  a otras cosas o estudiábamos cosas diferentes, no éramos  un grupo de periodistas ni tampoco fotógrafos. Al empezar las manifestaciones y el conflicto en Raqqa nos dimos cuenta de que no existía ninguna cobertura mediática en la ciudad, dado que el régimen tenía controlado a los medios de comunicación. Así que decidimos ser nosotros, por necesidad quienes mostráramos al mundo lo que estaba sucediendo de una manera documentada. Creamos primero un pequeño blog cuyo contenido era similar al de ahora, pero mucho más modesto. Observábamos lo que acontecía en la ciudad y sacábamos fotos con el móvil para tener pruebas de lo que estaba ocurriendo. Cuando llegó ISIS a la ciudad consideramos que debíamos hacer algo mucho más grande y con mayor alcance por la gravedad de las violaciones y el silencio informativo al respecto” [2]

Las infraestructuras en la ciudad y en la provincia en general, nunca gozaron de un buen estado, pero en los tres primeros años desde la primera manifestación, su estado empeoró notoriamente ” La electricidad no funcionaba bien, el agua se cortaba cada momento, y la falta de seguridad era palpable, además de unos conflictos sembrados entre la gente, que siempre tenían como fondo asuntos o posicionamientos políticos” [3] confiesa otro joven original de Raqqa residente en Estambul actualmente. La falta de suministro de servicios era un “castigo” a Raqqa por haberse alzado tal y como se estaba castigando otras zonas, un castigo que termina casi siempre en la táctica de guerra más cruenta y recurrente del régimen: el asedio. El empeoramiento de la calidad de vida de los habitantes  e infraestructuras de Al Raqqa comenzó a ser palpable en el año 2012, año en el que la revolución no le quedó más que armarse para defenderse.

En Septiembre de 2012, el Ejército Libre Sirio comenzó el proceso de liberación de la provincia, partiendo desde Tal Abiad, y avanzando dirección Raqqa.  Una vez realizado el primer asalto a la ciudad, dirigieron desde el centro varias operaciones para la liberación de las zonas próximas del rural.  El 3 de marzo de 2013, Ahrar Al-Sham y Jabhet Al-Nusra anunciaron una operación conjunta denominada “El asalto poderoso” que  llevarían a cabo junto a facciones del ELS para liberar completamente la ciudad. Según el primer entrevistado, la operación no duró más de 24 horas, en las que la ciudad fue tomada totalmente, excepto la División 17 del Ejército Sirio situada cerca de la conocida fábrica de azúcar. El gobernador de la ciudad y el secretario de la Subdivisión del partido al Baaz (Hassan Jalili y Suleiman Suleiman) no se resistieron y se entregaron fácilmente. Sobre los sentimientos de la población tras la liberación un cuarto entrevistado responde que “La gente se sintió un poco más libre, tuvo la sensación por primera vez de que su país era suyo. Lo cierto es que la gente se vio como un actor, y que tenían algo que decir y hacer en escenario político y el panorama internacional. Algo que en los años anteriores no era posible” [4] El seis de marzo, parte de la población se reunió en una de las plazas principales de la ciudad, rebautizada como plaza de la Libertad, para derrumbar con euforia la estatua del anterior dictador, Hafez Al Asad.

Una vez liberada la ciudad y desempeñado el papel militar por las distintas facciones, tocaba administrarla y establecer uno órganos para su gestión, por ello”, se formó un Consejo Local para dirigir los asuntos de los ciudadanos, mientras que el asalto a los puestos militares fueron realizados por Ahrar Al Sham y en menor medida, Al Nusra, aunque ninguno de ellos tenían la popularidad o la aceptación de Thwar Al Raqqa o Ahfad Al Rasul, u otras facciones del ejército Libre. Los islamistas crearon una junta religiosa para dirigir la ciudad, pero fracasaron por el descontento de la ciudadanía y los conflictos existentes entre las mismas facciones islamistas” Afirma el primer entrevistado.

Del mismo modo, un gesto simbólico aconteció después de la toma de Raqqa según nos cuenta otro participante activo en la revolución en Raqqa “Creo que significa mucho esto. El que Ahrar Al Sham quisiera controlar el banco central y el edifico financiero, mientras que Al Nusra [y parte de lo que después formó ISIS] tomó el Palacio Municipal. Esto deja entrever que unos querían dinero, y los otros poder”.

Los siguientes meses se presentaron con luces y sombra para la ciudad, hasta desembocar en la oscuridad más plena que perdura hasta el día de hoy. Por una parte, fue espectacular el crecimiento de la actividad dentro de la propia sociedad civil, un despertar poderosos que tenía su lado positivo, pero que al ser huérfano también poseía sus desventajas. El refuerzo de una cultura política que hasta ahora permanecía  débil, silenciada y oprimida por la dictadura supuso un gran hito para la historia de los sirios en general. Alzar la voz, decidir, hacer, perder el miedo, impulsó a los ciudadanos  a ser conscientes de su capacidad y voz y con ello, dar un paso más y crear sus propias iniciativas de autogestión. El caso más conocido es el de Haqquna (Nuestro derecho, en árabe) movimiento civil impulsado principalmente por jóvenes cuyo objetivo era fomentar la participación ciudadana en la recién liberada ciudad, y formarla a nivel teórico y práctico sobre democracia y derechos humanos, las bases que se deseaba que rigieran la ciudad. Los jóvenes de Haqquna organizaban manifestaciones, concentraciones, impartían cursos de resistencia civil, restauraban infraestructuras en mal estado y la decoraban con la bandera verde revolucionaria.

Pero además de Haqquna, quizás la única organización de este tipo de la cual levemente se ha hablado en algunos medios alternativos, existían otras organizaciones que compartían objetivos y protagonismo en la nueva era de la ciudad, como por ejemplo Tayamo Shabab Al Raqqa (Asamblea para la Juventud Libre de Raqqa)  que llegó a organizar una subasta solidaria, conformada en gran parte por obras donadas por sus artistas, con el fin de recaudar dinero a las familias más necesitadas de la ciudad. Por otra parte, Tayamo Ahfad Al Rashid (Asamblea Ahfad Al Rashid) también jugó un papel importante en esa recién nacida sociedad activa, sus focos de trabajos fueron desde la educación, con campañas como “Sonreímos a pesar de la muerte” llevadas a cabo en los colegios con el fin de fomentar la educación y formación de los niños, hasta la alimentación de los más pequeños, apoyando iniciativas de suministro de leche a recién nacidos hasta los dos años. Asimismo, también tuvo como foco de actividad la cultura, organizando festivales culturales que incluían obras satíricas de teatro. También organizó recogidas de alimentos y recaudación  para los desplazados ubicados en el rural de Al Raqqa. La Asamblea continuó activa en el exilio, en la ciudad turca de Sanliurfa hasta 2014. Las mujeres también tuvieron protagonismo en la revolución y en el corto período de liberación de la ciudad de Raqqa, aunque su  papel sea invisibilizado en las crónicas o análisis, la mujer además de una víctima se convirtió en un actor activo y clave en la sociedad raqqawi, por ello se formó Monadama Jana  (Organización Jana) que dado a los pocos medios que poseía en sus inicios, se centró en realizar acciones de pequeña escala pero cruciales para el funcionamiento de la vida cotidiana; preparar y repartir pan que escaseaba en la ciudad, sensibilización sobre el rol activo que tendrían que tener los ciudadanos en esa etapa, campañas como “No dejaré mi colegio” o “Comparte medicinas” gracias a la cual llegaron a recolectar medicamentos con el fin de hacerlos accesibles para todo el mundo en la ciudad.

Obra de teatro organizada por Ahfad Al Rashid 

Desgraciadamente hoy a Raqqa se la conoce como la “Capital del Estado Islámico” pero no como la capital de la resistencia y la supervivencia. La capital que resurgió de sus propias cenizas y que completamente sola y con las manos, fuerza y bondad de sus ciudadanos consiguieron mantenerse a flote y con los mínimos medios, recrear por unos meses su ideario político. La gente de Raqqa hoy malvive bajo el yugo de Daesh, y bajo los bombardeos de la Coalición Internacional, Rusia y el régimen, pero almacena en su corazón las ganas de volver a poner en práctica todo lo que demostró que es capaz de hacer. Hoy el mundo ignora por completo el heroico papel de mis vecinos y la fuerza de las mujeres de la ciudad. Visibilizar una pequeña muestra de lo acontecido en el 2013, es un pequeño homenaje al potencial que puede ofrecer Raqqa al mundo, la posibilidad de hacerlo un lugar mejor, más humano, más solidario, menos violento. Demostrarle que no se necesita mucho más que ganas para superarse y avanzar. Cuando unos  bombardean Raqqa y matan a sus civiles, otros ignoran esas matanzas y otros lo celebran, pero todos ellos están matando un poco de esa humanidad. Y eso que el mundo se está quedando sin reservas

*Imagen destacada del artículo: Syria Untold

[1] Entrevista realizada en abril del 2016.

[2] Entrevista realizada en agosto del 2016.

[3] Entrevista realizada en abril del 2016

[4] Entrevista realizada en mayo del 2016.

 

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